La inteligencia emocional del emprendedor o cómo sobrevivir a esa montaña rusa de emociones

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Emprender es una gran aventura, cualquiera que lo haya intentado lo sabe, y muchos de los que no lo han intentado también lo saben. La inteligencia emocional del emprendedor es algo fundamental para aprender a vivir con la montaña rusa de sentimientos que afrontaremos una vez decidamos apostar por nuestra propia empresa.

Cuando uno se mete en esto de montar su propia empresa lo hace consciente de una serie de cosas con las que no todo el mundo está dispuesto a vivir. O al menos así debería ser, lo de ser consciente de ello de antemano me refiero.

Emprender implica tener más libertad, poder tomar tus propias decisiones, pero ojo que estas mismas características pueden ser buenas y malas a la vez. No todo el mundo sabe administrar su libertad o sabe/quiere tomar sus propias decisiones. Como bien le dijeron a Spiderman: «Un gran poder conlleva una gran responsabilidad». Y por supuesto emprender es una grandísima responsabilidad.

Dicho esto, pasemos a hablar de lo que yo quería contarte hoy. El continuo sube y baja emocional que viven los emprendedores en su día a día. O como a mí me gusta llamarlo: la montaña rusa del emprendedor.

El día a día emocional de un emprendedor

Los emprendedores son uno de los colectivos que mayores altibajos emocionales experimentan en su día a día. O al menos eso me ha pasado a mi desde que empecé con este proyecto y así lo veo también en otros emprendedores que me rodean.

Yo antes tenía épocas, como todo el mundo, pero en general mi estado de ánimo era bastante estable en períodos más o menos prolongados de tiempo.

Desde que di el salto al emprendimiento puedo sentirme eufórico un día y en cambio al día siguiente pensar que nada de lo que estoy haciendo merece la pena y que es mejor dejarlo.

Esa misma tarde tengo una reunión en el que algún proyecto consigue el éxito, o simplemente algún compañero me cuenta lo bien que le va y vuelvo a estar «en la cima» de la motivación.

Lo he hablado con otros emprendedores y con mis compañeras de mastermind y veo que no es solo una cuestión personal.

Entonces, ¿todos los emprendedores somos bipolares o algo así?

Pues no lo creo la verdad.

Simplemente es que dejamos de movernos en un entorno ciertamente estático: una oficina, con un jefe que nos dice lo que tenemos que hacer, una carga de trabajo más o menos estable (que no quiere decir pequeña), etc. Creo que ya me entiendes.

En cambio cuando damos el salto al emprendimiento se abre ante nosotros todo un mundo de posibilidades, y solo nosotros somos los responsables de elegir un camino u otro. Con todo lo que eso conlleva.

Tomas las que tú crees que son las mejores decisiones para tu proyecto, pero en cuanto algo no sale bien, somos humanos y nos cuestionamos si tendríamos que haber elegido otra opción. Esto hace que dudemos de nosotros mismos. Ahora somos los primeros responsables de todo lo que ocurre en nuestras empresas, ya no hay compañeros o jefes ineptos a los que echarles la culpa. Y eso hace que a veces nos castiguemos en exceso.

¿Qué puedes hacer para evitar estos altibajos? Inteligencia emocional

Pero bueno, tu todo esto que estoy contando ya lo sabías. «Menuda novedad me está contando este tío» deberás estar pensando.

No, no voy a quedarme ahí. Ahora me gustaría aportar mi granito de arena para ayudarte con esta montaña rusa emocional.

He aquí mis tres consejos de hoy.

1. Asúmelo

Aprende a vivir con ello. Así de duro. Tal cual. Es inevitable vivir estos altibajos emocionales cuando uno es emprendedor. Lo mejor es asumirlo, ser consciente de que será así y relativizar. Tanto lo bueno como lo malo. El día que todo sale bien no debemos pensar que mañana mismo vamos a ser el nuevo Elon Musk. Pero el día en el que algo se tuerce tampoco debemos rendirnos y tirar la toalla.

2. No estas solo

En serio, no lo estás. Se que esto es difícil de entender cuando eres soloemprendedor como también se dice ahora. Pero de verdad, no estás solo.

Rodeate de gente como tú, emprendedores con inquietudes. Comparte experiencias con ellos y verás que las cosas que te ocurren a ti son bastante más habituales de lo que te podías imaginar. Tus problemas ya han sido resueltos por otras muchas personas y seguro que podrás aprender mucho de sus experiencias.

¿Donde buscar a estas otras personas? Hay muchas posibilidades, intégrate y participa en grupos de facebook de emprendedores. Pero no me refiero a esos grupos en los que cada uno va a intentar colocar su publicidad como meros spamers y luego si te he visto no me acuerdo. Me refiero a grupos en los que de verdad se fomente la comunidad. Grupos en los que muchos de los participantes se conocen entre si, a veces incluso porque han hecho quedadas presenciales, se conocen los proyectos de unos y otros y se fomenta la ayuda mutua. El grupo Coworking Virtual del que soy orgulloso fundador es un buen ejemplo de grupo con las características que te comento.

Pero esta no es la única opción. Asiste a eventos presenciales para conectar con otros emprendedores. Y no solo me refiero a grandes eventos tipo congresos, que también. Puedes probar también a asistir a multitud de eventos que se celebran cada día en tu entorno y que se anuncian en Meetup.com, o incluso dar el salto y organizar tú tus propios eventos, aquí te explico como puedes hacerlo utilizando Meetup.

Puedes formar tu propio grupo de mastermind. Esto de verdad que, si das con la clave de un buen mastermind es algo que marcará un antes y un después en tu vida como emprendedor. De hecho me parece tan importante que ya escribí porqué deberías participar en un mastermind.

En serio, ver que hay más personas como tú y con las que puedes compartir inquietudes te ayudará muchísimo a gestionar esa montaña rusa del emprendedor.

3. Planifica y persigue un objetivo

Como te decía, la causa de esos altibajos emocionales muchas veces está relacionada con el devenir de nuestro proyecto. Con las tareas que tenemos que hacer y los resultados que obtenemos de ellas.

Por eso si planificamos nuestras tareas y todas ellas están encaminadas a la consecución de unos objetivos que nosotros mismos nos habremos marcado el camino será más claro. Y por lo tanto los altibajos menos pronunciados.

Trabajaremos en una dirección clara y todo lo que no nos acerque a esos objetivos no deberíamos hacerlo. Eso nos evitará sentirnos culpables por hacer algo que quizás no corresponda en ese momento. Debemos tener claros nuestros objetivos y centrarnos en ellos.

Conclusión

El día a día del emprendedor es de por si una montaña rusa, que sube, baja, gira bruscamente y todo ello a una velocidad frenética para inmediatamente después relentizarse mientras sube a la parte alta, justo antes de volver a acelerar a tope.

Debes ser consciente de ello y debes asumirlo como normal cuando decides dar el salto al emprendimiento. Esto no implica que te dejes dominar por tus emociones y sometas a tus nervios a un continuo subir y bajar.

Respira, prepárate, rodéate de gente que te entienda, que te apoye. Traza tu plan, cree en ti y trabaja en él cada día de manera incansable. Al final, los resultados llegarán. Y si no llegan, pues se vuelve a intentar. ¿Quién dijo miedo?

¿Tu también vives esta montaña rusa del emprendedor? ¿Qué haces para apaciguarla? Me encantará que me cuentes tu experiencia en los comentarios.

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